En el niño, el elemento que más datos aporta para el examen es la observación que de él se haga, si se sabe qué habilidades debe tener para el tiempo de nacido. La visión se desarrolla a partir del código genético de cada individuo, la capacidad de las estructuras que en ese proceso intervienen y de los estímulos del entorno del niño. Varios días después del nacimiento el reflejo de parpadeo a la luz brillante está presente y a las 6 semanas ya existe interés por fijar imágenes, como sucede con la cara de la madre, y se interesa en objetos grandes, luminosos o coloreados; más tarde es capaz de seguirlos con la mirada. El desarrollo de la visión es acelerado en el primer mes de vida y desde los 2 hasta los 4 años muchos niños alcanzan un grado de visión similar a la del adulto. Los movimientos rápidos en busca de un objetivo, sacadas, están bien desarrollados a los 3 meses. Existe ya acomodación a los 4 meses y estereopsia entre 3 y 7 meses. A los 6 meses existe fijación con la fóvea y están desarrollados los movimientos de persecución. La falta de estas habilidades debe inducir a pensar en deficiencia visual, lo cual se refuerza si se observa estrabismo monocular, nistagmo u otra anormalidad que impida que exista fijación con la fóvea.

Se debe tener en cuenta que en niños prematuros la visión se demora más en desarrollar y que puede existir cierto retardo en el desarrollo de la misma pero que también puede existir una retinopatía de la prematuridad, que es tratable, por lo que frente a la duda se debe remitir de inmediato al oftalmólogo especializado en retina. El niño que coopera debe ser examinado de igual manera que el adulto, aunque siempre manteniendo una comunicación especial y afectuosa para lograr que ayude al examinador en todos los pasos del estudio. Por lo general es útil, para entrenarlo, comenzar el examen midiendo la visión de la forma o agudeza visual, aunque el examen del niño debe iniciar desde que este entra a la consulta, se observa su rostro, pose, desenvolvimiento y si le llaman la atención las personas y los objetos que están en el local.

El especialista debe procurar que el examen oftalmológico no sea demasiado prolongado, para mantener su cooperación y no incomodar al niño, pero que resulte suficiente para detectar las alteraciones que permitan llegar al diagnóstico y ser tratado correctamente. Para disminuir el tiempo y la tensión emocional del niño que acude al médico, este se puede dedicar a hablar con los padres mientras al niño se le deja jugar con algún objeto o juguete que se debe tener en la consulta y llame su atención.